Toneladas de plástico matan y lastiman miles de especies marinas

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Drowning in Plastic se emitió en Gran Bretaña el pasado lunes, y desde entonces muchos británicos no han podido olvidar algunas de las consecuencias directas y a pequeña escala de un drama medioambiental que conocemos de sobra.

Para el documental, la presentadora y bióloga de vida silvestre Liz Bonnin se une a un grupo de biólogos marinos en la isla de Lord Howe, en la costa de Australia.

La misión de los científicos es rescatar a las pardelas, una de las aves marinas de agua salada más numerosas de la región. Son el objetivo número uno de la contaminación humana: se comen el plástico accidentalmente a toneladas, llegando a ser la especie que, porcentualmente, más materia de este compuesto engullen en proporción al tamaño de su cuerpo, muy por encima de la cantidad de plástico que ingieren orcas o ballenas.

Muchas pardelas mueren al saturar sus estómagos con esta sustancia inorgánica, pero también participan de un proceso aún más grave: las madres que regurgitan los alimentos para dárselos a sus crías también transmiten fragmentos de plástico a los vástagos, provocando sin querer trastornos graves en su crecimiento, bloqueando sus órganos internos y sobrecargándolos, de manera que tampoco pueden volar. En el peor de los casos, las crías mueren. Por eso el equipo australiano socorre a cada ave, una por una, provocándoles lavados de estómagos extremos. Es la solución urgente de un problema que no vemos desde nuestras casas, a miles de kilómetros de esta fauna amenazada.

Esta es sólo una escena sobre el rescate de las aves marinas, pero peor aún es la secuencia en la que le realizan una autopsia a una de esas pardelas.  Bonnin , la presentadora, no puede evitar sentirse violentada y se lleva las manos a la boca. Es una escena asquerosa, pero movilizadora. Dentro de sus tripas sólo vemos basura, distintos fragmentos de lo que un día pudieron ser botellas, instrumental de navegación o revestimiento de electrodomésticos. La presentadora nos dice que lo que vemos es el equivalente a como si un humano se hubiese tragado diez kilos de plástico.

En BBC Earth, el canal naturalista del grupo, mostraban esta misma semana cómo hay tortugas que ya intentan hacer nidos para sus crías en playas que en lugar de arena están construidas con plásticos. Nadie, de ninguna especie, debería acabar en este estado.Los espectadores de Drowning in Plastic no tardaron en mostrar su incredulidad e incomodidad en redes sociales. Alguien dice: “he aprendido mucho y me he convencido de evitar plástico innecesario, cambiar mi ropa por una que sea de algodón y limpiaré la basura que me encuentre. Esos animales me tocaron por dentro. Esta mañana todavía estaba llorosa”. Otras manifestaciones de sentimientos similares se multiplican si indagamos en el hashtag del programa. ¿De qué sirve que digamos que tiramos ocho millones de toneladas de plástico a nuestros océanos cada año? ¿Que tenemos islas de basura del tamaño de tres Francias? Tal vez bastaba con recordar que, detrás de un desastre ecológico, hay millones de vidas.

 


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