Retos y aprendizajes en ciudades que buscan ser más inclusivas con las mujeres

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Las ciudades ofrecen a las mujeres más oportunidades para lograr independencia económica y mejorar su índice de desarrollo humano, principalmente porque aumentan sus posibilidades de acceso a educación y empleos mejor remunerados. Sin embargo, en comparación con los hombres, las mujeres aun perciben ingresos más bajos por el mismo tipo de trabajo y menor representación en puestos de liderazgo en empresas y en las decisiones que determinan su propio desarrollo y el de su comunidad.

Además, hoy en día, la mayoría de los hogares urbanos de bajos ingresos de América Latina y el Caribe están encabezados por mujeres, que a menudo residen en zonas carentes de espacios públicos adecuados. A su vez, suelen estar excluidos de los mercados formales laborales y de vivienda, y cuentan con limitado acceso a servicios de educación, salud y seguridad pública.

¿Cuáles son los factores qué llevan a que las mujeres tengan menor acceso a los beneficios de vivir en ciudades y qué soluciones creativas pueden contribuir a paliar el problema?

1.  La compensación salarial entre hombres y mujeres es desigual, brecha que promedia un 30% en la región, principalmente concentrada en empleos con salarios por debajo de la media –educación y servicios domésticos–. Esto explica porqué aquellos hogares con niños que dependen de un solo ingreso tienen más posibilidades de sufrir extrema pobreza, si quien lo percibe es mujer 20% en mayor medida que si es un hombre 15%.

En Nagareyama, en Japón, ante la inminente crisis fiscal generada por su decreciente población, el municipio implementó un plan urbano integral para promover el desarrollo de las mujeres y atraer así a nuevas familias. Una de las claves del plan fue crear un sistema de transporte para niños pequeños y aliviar así la carga cotidiana de las madres que trabajan fuera del hogar. Este caso muestra cómo una visión innovadora también puede ser fomentada desde un entorno institucional tradicional. Ello refleja directamente que cuando una ciudad se vuelve más inclusiva, está invirtiendo en su propia sustentabilidad a largo plazo.

2. Las mujeres sufren discriminación negativa en el acceso a la vivienda y a la propiedad. Todavía es común la práctica de rechazar que las mujeres firmen contratos como arrendatarias o que tomen créditos; lo cual limita su acceso a una vivienda a través del mercado formal, deviniendo en la necesidad de recurrir a los mercados de propiedad informales y a residencias en urbanizaciones precarias.

En México, una asociación civil de alcance nacional, Mujeres Líderes por la Vivienda, trabaja desde 2015 para abogar por una visión de género en las políticas de vivienda y en la industria de la construcción. Ya han logrado incidir en la incorporación de criterios de diseño que ayuden a mejorar la seguridad de las mujeres del espacio público y en promover complejos de vivienda de interés social con acceso a guarderías y espacios de juego para niños. De este caso se destacan la necesidad de un sistema de vivienda que integre los sistemas financieros con la planificación territorial y la arquitectura; y la complejidad de lograr avances en la legislación y en las prácticas sociales.

3. Los servicios de transporte público no responden a las necesidades de las mujeres. Son las mujeres quienes más dependen del transporte público para realizar sus tareas diarias, aunque los recorridos del transporte no apoyan sus necesidades, lo cual aumenta el costo y tiempo que le dedican al trasladarse. La movilidad cotidiana no solo se relaciona con el trabajo, sino con actividades para el cuidado del hogar, compras, cuidado de niños y ancianos, lo que requiere de gran número de viajes diarios.

En Madrid, España, a través del proyecto de arte, surge la iniciativa Madrid, Ciudad de las Mujeres, a modo de construir distintas cartografías de cómo se experimenta la ciudad, y así diseñar un nuevo circuito turístico que ponga en valor las huellas de las mujeres en la historia de la ciudad, recuperando la identidad y la diversidad como un motor de renovación.

4. Las mujeres están expuestas a inseguridad en la vía pública: las mujeres sufren más acoso y violencia cuando circulan por la ciudad. Además, aquellas que residen en barrios marginales, necesitan realizar largos traslados a sus puestos de trabajo a horas muy tempranas o tardías, cuando la frecuencia de transporte público es menor, lo que resulta en que estén más expuestas a sufrir asaltos y agresiones en el camino al trabajo; o en que se autoexcluyan de tomar empleos de mejor calidad que les requieran viajes a zonas céntricas.

En México, por ejemplo. 87,7% de las mujeres se sienten inseguras en el transporte público, patrón que se repite en las calles, y en los parques o centros recreativos con cifras igualmente altas. En El Salvador, ante la alta criminalidad en el transporte público urbano, surgió la iniciativa de crear la empresa de transporte privado Línea Rosa, iniciativa de y para mujeres que ha logrado demostrar que existen grandes oportunidades para quienes atiendan las necesidades de las mujeres, pero que también pone en evidencia los límites de las empresas privadas para tratar los temas de seguridad endémicos en los barrios con más carencias.

Ejemplos como los aquí descritos se pueden dar en muchas otras latitudes y en distintas dimensiones de ciudades. Lo importante es comprender que los beneficios al mejorar las condiciones de vida e ingresos de las mujeres alcanzan a toda la sociedad, hombres y mujeres, activos o dependientes del cuidado de otros.

Apoyar la plena integración en la actividad económica y las actividades emprendedoras de las mujeres, proveer medios de transporte público que respondan a las necesidades de toda la población, tanto de circulación como de seguridad personal, apoyar a que las mujeres accedan a los mercados formales de propiedad y de crédito, e integrar estas acciones con una visión positiva y productiva para toda la ciudad; son algunas de las acciones claves para promover sociedades más justas, economías más productivas, y hábitats más resilientes.

Aun cuando existen elementos que inciden más en la brecha de género en términos de bienestar, si queremos promover una urbanización más inclusiva, productiva y resiliente, podemos inspirarnos en experiencias concretas de cómo apoyar la integración plena de las mujeres en ciudades.

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