Biocombustibles: El nuevo enemigo de la seguridad alimentaria mundial

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Usar semillas oleaginosas y etanol a partir de maíz se sigue popularizando en todo el mundo y para fabricar los ya famosos “biocombustibles”, que no son más que fuentes de energía a base de alimentos y que se perfilan como el futuro sustituto de la gasolina fabricada en base al petróleo.

A pesar de esto, varios organismos internacionales han advertido de, según distintos análisis emitidos entre los años 2010 a 2018, los efectos que ocasionan al destinar dichas producciones agrícolas a combustibles en lugar de alimentos.

Usar semillas oleaginosas y etanol a partir de maíz se sigue popularizando en todo el mundo y para fabricar los ya famosos “biocombustibles”, que no son más que fuentes de energía a base de alimentos y que se perfilan como el futuro sustituto de la gasolina fabricada en base al petróleo.

A pesar de esto, varios organismos internacionales han advertido de, según distintos análisis emitidos entre los años 2010 a 2018, los efectos que ocasionan al destinar dichas producciones agrícolas a combustibles en lugar de alimentos.

Futuro de la alimentación

En el reporte “El Futuro de la alimentación y la agricultura: tendencias y desafíos” publicado por la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO), se estima que para el año 2050, la agricultura tendrá que producir más del 50% de alimentos y biocombustibles de los que se producen a día de hoy para cubrir la demanda mundial.

La FAO también apunta a que la “usar terrenos de producción agrícola para producir biocombustibles traerá efectos negativos. La población mundial se encamina a tener menos terrenos fértiles para la producción de alimentos destinados al consumo humano.”.

A finales del siglo pasado, Gobiernos, científicos y ambientalistas coincidieron en que una manera efectiva de combatir el calentamiento global en el planeta pasaba por disminuir las emisiones de carbono causadas por el transporte.

Peligro para el ambiente

Como solución, propusieron los “biocombustibles naturales y renovables” en lugar de combustibles fósiles, debido a que los cultivos de base biológica no emiten carbono.

Los gobiernos impusieron regulaciones que obligan a los proveedores de combustibles fósiles a mezclar biocombustibles, principalmente biodiesel de semillas oleaginosas y etanol a partir de maíz, lo cual introdujo a los alimentos en la industria de los combustibles.

Ese cambio en el uso del suelo agrícola, actualmente, representa un peligro para el ambiente, porque los agricultores están arrasando los bosques y sustituyendo rubros para dedicarse al monocultivo de carburantes a base de alimentos.

“Los biocombustibles a base de aceite de palma, semilla de colza y otros cultivos alimentarios están destruyendo los bosques, empujando a la gente fuera de sus tierras y podrían incentivar el próximo aumento en los precios de los alimentos”, dijo Marc-Olivier Herman, activista de Oxfam.

Asimismo, agregó que “los biocombustibles hechos a partir de cultivos alimentarios no son la respuesta al cambio climático, sino que son parte del problema”, concluyó.

El experto ambientalista británico, Allan Foller, también recalcó que “la agricultura es la principal fuente que da de comer a la gente en buena parte del planeta. El uso de los biocombustibles como una solución para reducir las emisiones de carbono y depender menos de los combustibles fósiles tendrá consecuencias decisivas para la seguridad alimentaria y en un futuro cercano, así como para la utilización actual y futura de las tierras”.


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