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Los modelos climáticos del Laboratorio Lawrence Livermore son cada vez más potentes, en parte gracias a simulaciones previas aplicadas a las armas nucleares. Gracias a ellos, ha sido posible descubrir por qué el cambio climático se cebó con el Ártico hace un lustro.

Cuando la científica atmosférica Ivana Cvijanovic llevó su simulación climática por ordenador hasta el límite, descubrió un resultado inquietante: a medida que el hielo marino del Ártico se acercaba a la desaparición total, unos enormes sistemas de alta presión empezaban a formarse a miles de kilómetros de distancia de la costa oeste de los Estados Unidos.

Este sistema de presión bloqueaba las grandes tormentas que se dirigían a California (EE. UU.), cortando el paso de la lluvia. El modelo de Cvijanovic muestra que, a medida que el hielo marino del Polo Norte se desvanezca, como se espera que suceda en las próximas décadas, los agricultores del Valle Central se podrían encontrar con que las nubes han cerrado el grifo, y lo mismo pasaría en las estaciones de esquí de Sierra Nevada y las ciudades.

Los resultados, publicados en Nature Communications en diciembre, también sugieren que la reducción del hielo marino puede haber tenido un papel relevante en la sequía extrema y costosa que ha asolado California durante la mayor parte de esta década. Esta fue impulsada por un “sistema de presión irrisoriamente resistente” que se parece mucho al que predice la simulación de Cvijanovic.

Los modelos climáticos a menudo se ridiculizan y se tildan de aproximaciones poco fiables de los sistemas complejos de la Tierra, particularmente entre los negacionistas del cambio climático. Pero gracias a los ordenadores cada vez más potentes, la inclusión de más variables y otros avances técnicos, las simulaciones climáticas se han vuelto increíblemente poderosas.

Pueden predecir cómo el calentamiento global ya está alterando el planeta y cómo lo hará en el futuro de forma cada vez más exacta. Estas mejoras están ayudando a los científicos a desentrañar los complejos mecanismos que impulsan los fenómenos meteorológicos extremos.

Cabe destacar que Cvijanovic había intentado estudiar durante años las desconcertantes conexiones entre el hielo que se derrite y los cambios de precipitación a distancias lejanas. Pero los modelos climáticos estándar no permitían simular estos procesos de una manera realista, hasta que un reciente avance llegó de una fuente a priori poco probable: la investigación de armas nucleares.

 

 


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