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En las 355 páginas del libro se habla -y se critica, claro- de la dieta alcalina, la paleo, de la moda de quitar el gluten de la dieta sin ser intolerante al mismo, de la fiebre por el aceite de coco… “No vas a encontrar una lista de normas para una vida sana y feliz. Tampoco voy a repartir los alimentos entre buenos y malos”, aclara sentado en la cafetería de un hotel madrileño. “La gente muchas veces ansía respuestas sencillas. Muchas de las decisiones que tomamos sobre alimentación son instintivas, no responden a motivos racionales. En el mundo moderno, el problema está en el exceso de información y debemos aprender a filtrarla mejor, a conocer los estándares científicos, qué es válido y qué no… Y en eso hay que trabajar también con los niños”.

Con humor, mucha ironía e información útil, también reparte estopa contra famosos, como Gwyneth Paltrow, que promocionan -y, en su caso, hace caja a través de su web Goop– una alimentación sana con «ninguna base científica».

Aquí algunas de las ‘nutripolleces‘, término acuñado por Warner, para describir la pseudociencia y la fantasía que rodean a muchos alimentos y dietas. Olvídese también del socorrido “somos lo que comemos”, porque también lo echa por tierra.

AZÚCAR. Warner parte de la premisa de que “el azúcar no es inocente de todo ma”», pero también defiende que “el debate actual en torno a ella está impregnado de rabia, desprecio y repugnancia”. Aclara algunos puntos: “El azúcar no es un veneno, no es una toxina y no es una droga”.

La Organización Mundial de la Salud (OMS) recomienda no ingerir más allá de un 5% de calorías procedentes de azúcar añadido en una dieta sana y equilibrada. Recuerda Warren que “no hay dieta sin azúcar”. Y aquí llegamos al punto de los llamados “sustitutos naturales”, dígase la miel, el sirope de arce, de agave… “Todos funcionan muy bien y sustituyen al azúcar porque son, principalmente, azúcar”.

A su juicio, las “posturas extremas frente al azúcar generan miedo. Se emplea un lenguaje dañino, que al final provoca que la gente no tome alimentos que tienen azúcar, como verduras, frutas, lácteos… Excluirán así alimentos tan buenos como éstos de su dieta”. Y también habla de la parte del goce, tan importante en la vida. “Lo dulce aporta alegría, es un placer y es una pena que te lo quites de la dieta”.

CÁNCER. Es sin duda el tema más sensible del libro. Dietas, alimentos, consejos al margen de la medicina convencional que aseguran curar esta enfermedad se multiplican en muchos rincones de internet.

-¿Dónde se debe poner el límite? ¿Debería perseguirse? “En Reino Unido tenemos la ley del cáncer. Se persigue a quien diga que algo puede tratar, curar o prevenir el cáncer. Hacer algo así en los medios de comunicación es un delito. Pero en internet sí se hace. “Creo que se debería trabajar más en este sentido”.

DETOX’. “Es una industria entera construida sobre la nada”, asevera Warner, quien no duda en afirmar que las dietas ‘detox’ “no sirven para nada”: “La sola idea de que podamos desintoxicar el organismo controlando lo que ingerimos es una soplapollez pseudocientífica de primera”.

“La col rizada limpia los riñones”, dicen, por ejemplo, quienes defienden el universo ‘detox’. “No hay ninguna prueba de que esto sea así. Tampoco de que el ajo, el té verde, el jengibre o las nueces tengan poderes desintoxicantes”, lo que no quita que sean productos saludables.

DIETA ‘PALEO’. Quizá “la más estúpida” de todas las que analiza en el libro. “Creen que están tomando el menú de las cuevas del Paleolítico y ni siquiera los antropólogos saben qué comían entonces”. Son precisamente los defensores de esta dieta los más activos en las redes a la hora de responder a Warner, según él mismo explica con una sonrisa.

DIETA ALCALINA. Muy publicitada por ‘celebrities’, considera que es “la más peligrosa” por dos motivos: “El primero porque es muy popular y no se considera extrema; el segundo porque vende que cura enfermedades”. En esencia, esta dieta promulga que nuestro cuerpo prefiere el estado alcalino y por tanto defiende eliminar los alimentos ácidos del menú y consumir sólo alcalinos. “Su hipótesis se derrumba con la afirmación de que los alimentos ingeridos van a alterar el pH de la sangre”, según el experto.

ACEITE DE COCO. Se le han atribuido propiedades antibacterianas, anticancerígenas, antiinflamatorias, antioxidantes… Madona y Miranda Kerr han confesado tomarlo a cucharadas, Paltrow lo emplea como enjuague bucal y lubricante sexual… Hasta hace nada, este aceite “era un tabú”: “No hay estudios que muestren que sirve para combatir enfermedades en humanos o animales”.

-Aunque no es usted partidario de establecer reglas, haga una excepción y díganos cómo alimentarnos bien…

-Lo primero es disfrutar de la comida. Comer de forma variada. Tratar de no sentirse culpable. Y nunca hacer que nadie se sienta culpable por sus elecciones.

Libro: ‘El chef cabreado. Mala ciencia. Toda la verdad sobre las dietas milagrosas’ (Ariel)


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