Se suele medir en hectáreas globales (hag) por año. Es una estimación de la superficie que se necesita para producir los recursos consumidos: la superficie de campos para cultivar los alimentos y la fibra para ropa, la de los pastos para el ganado, la del mar para sostener las capturas de pesca, la de bosque para producir la madera y pulpa, o la utilizada para construir encima ciudades, carreteras o cualquier infraestructura.

El cálculo de la huella ecológica es complejo, y en algunos casos imposible, lo que constituye su principal limitación como indicador; en cualquier caso, existen diversos métodos de estimación a partir del análisis de los recursos que una persona consume y de los residuos que produce. La cantidad de hectáreas utilizadas para urbanizar, generar infraestructuras y centros de trabajo.

Hectáreas necesarias para proporcionar el alimento vegetal necesario.

Superficie necesaria para pastos que alimenten al ganado o animales

Superficie marina necesaria para producir peces.

Hectáreas de bosque necesarias para asumir el CO2 que provoca nuestro consumo energético. En este sentido no sólo incidiría el grado de eficiencia energética alcanzado sino también las fuentes empleadas para su obtención: a mayor uso de energías renovables, menor huella ecológica.

Desde un punto de vista global, se ha estimado en 1,8 ha1 la biocapacidad del planeta por cada habitante, o lo que es lo mismo, si tuviéramos que repartir el terreno productivo de la tierra en partes iguales, a cada uno de los más de seis mil millones de habitantes en el planeta, les corresponderían 1,8 hectáreas para satisfacer todas sus necesidades durante un año.

El cálculo de la huella ecológica

La metodología de cálculo se basa en la estimación de la superficie productiva necesaria para satisfacer los consumos asociados a la alimentación, a los productos forestales, al consumo energético y a la ocupación directa del suelo.

Para calcular estas superficies, se realizan dos pasos:

  1. Contabilizar el consumo de las diferentes categorías en unidades físicas
    En el caso de que no existan datos directos de consumo, se estiman los consumos aparentes para cada producto con la siguiente expresión:
    CONSUMO APARENTE = PRODUCCION – EXPORTACION + IMPORTACION
  2. Transformar estos consumos en superficie biológica productiva apropiada a través de índices de productividad
    Ello equivale a calcular la superficie necesaria para satisfacer el consumo medio por habitante de un determinado producto. Para ello se utilizan valores de productividad:
    HUELLA ECOLOGICA = CONSUMO / PRODUCTIVIDAD

Los valores de productividad pueden estar referidos a escala global, o bien se pueden calcular específicamente para un determinado territorio, considerando de esta manera la tecnología aplicada y en rendimiento del terreno. En la metodología estándar se opta por la utilización de factores de productividad globales porque así se hace posible la comparación de valores de huella ecológica a escala local y se contribuye a la normalización total del indicador.

En lo relativo al consumo energético, la huella ecológica se obtiene de manera diferente dependiendo de la fuente de energía considerada. Para los combustibles fósiles, que constituyen la fuente principal de la energía consumida, la huella ecológica mide el área de absorción de CO2. Esta se obtiene a partir del consumo total de energía, tanto el directo como el asociado a la producción y distribución de los bienes y servicios consumidos, dividido por la capacidad de fijación de CO2 de la superficie forestal.

detalle huella ecologica

Una vez contabilizados los consumos y aplicados los índices de productividad disponemos ya de las diferentes superficies productivas consideradas (cultivos, pastos, bosques, mar o superficies artificiales). Cada categoría dispone de productividades biológicas diferentes (por ejemplo: una hectárea de cultivos es más productiva que una de mar), y antes de sumarlas es necesario proceder a lo que se define como normalización. Para ello, cada superficie se pondera mediante factores de equivalencia que expresan la relación entre la productividad biológica de cada categoría de superficie respecto al promedio de productividad de la superficie del planeta. En este sentido, el hecho de que el factor de equivalencia de los bosques sea de 1,37 quiere decir que la productividad de una hectárea de bosque posee, de media, un 37% más de productividad que la media de productividad de toda la superficie de espacio productivo global.

Una vez aplicados los factores de equivalencia a cada categoría de superficie calculada disponemos ya de la huella ecológica expresada en lo que se conoce como hectáreas globales (hag). Ahora si, se puede proceder a sumar todas ellas, y así obtener la huella ecológica total.