Tener áreas verdes capaces de absorver y resistir a la fuerza de la naturaleza puede ser sumamente útil para las ciudades.

Los parques de la Ciudad de Nueva York son oasis verdes que sobreviven entre el cristal, el concreto y el acero. A pesar de sentirse como estuvieran llevando a sus visitantes a otro mundo, no quedan muy lejos del borde de la ciudad, incluyendo los bordes costeros. Aproximadamente la mitad del terreno que administra el Departamento de Parques de la Ciudad de Nueva York queda directamente en el agua. La cercanía al litoral hace que estas parcelas maravillosas sean particularmente vulnerables a la inundación, a las mareas ciclónicas y a otras consecuencias del tiempo turbulento.

Cuando el Huracán Sandy hizo su desastroso arribo hace cinco años atrás, la tormenta afectó a 5,700 acres del terreno de parques de la ciudad y causó daños por un costo de 800 millones de dólares. ¿Es una ciudad construida en un litoral destinada a estar llena de espacios recreativos empapados?

El Departamento de Parques no piensa que deba ser así. Mediante un nuevo conjunto de lineamientos, la agencia está codificando las mejores prácticas para diseñar paisajes para lidiar con futuros ataques por tormentas, las cuales los expertos prevén que seguirán impactando a la ciudad.

Los nuevos lineamientos —los cuales más bien son planes en lugar de recetas— van desde sugerencias en cuanto al diseño a recomendaciones horticulturales para las playas, los paseos entablados, los parques de juegos, los paseos marítimos y más, todas con la meta de fortalecer a los ecosistemas locales, evitar el daño causado por tormentas y promover la resiliencia. Abarcan el panorama general y también consisten en detalles específicos, dijo Sarah Neilson, jefa de políticas y planificación a largo plazo para el Departamento de Parques de la Ciudad de Nueva York.

Algunas de las sugerencias toman en cuenta el comienzo de la vida de un parque, lo cual incluye dónde situarlo en primer lugar. También toman en consideración las zonas de inundación, las inundaciones potenciales y la erosión (las recomendaciones se vuelven muy detalladas, muy pronto: una recomendación urge la construcción de bebedores del estilo abrevadero, lo cual evita el problema de escombros tapando el desagüe). En cuanto un parque ya haya sido construido, los autores sugieren que los diseñadores consideren soluciones naturalmente resistentes para mantenerlo saludable, tal como pantanos y dunas, ya que ambos naturalmente absorven mejor el agua.

Estos tipos de soluciones pueden conferir beneficios significativos, dijo Nate Woiwode, Gerente de Proyectos para la Reducción de Riesgos y la Resiliencia en la organización Nature Conservancy. Uno de los proyectos de Woiwode es la iniciativa Naturally Resilient Communities (Comunidades Naturalmente Resistentes), la cual reúne un conjunto de estrategias que las comunidades puede emplear para mejorar su capacidad de resistir tormentas sin depender tan fuertemente en la infraestructura gris tradicional.La instalación de una característica natural como una duna de arena o un pantano “es una inversión en infraestructura que es muy parecida a una vía o a un dique marino”, dijo Woiwode. Si bien él enfatiza que estos tipos de proyectos “se destacan al máximo” durante eventos frecuentes de menor escala como breves y molestas inundaciones, agrega que Sandy fue un punto de inflexión en términos de cambiar la opinión pública sobre la utilidad de dichas características naturales. Los pantanos y los otros tipos de infraestructura basados en la naturaleza redujeron el impacto de Sandy en hasta 625 millones de dólares en el noreste de EEUU, según un artículo académico publicado este verano en Scientific Reports.

Para los parques bajo construcción, el Huracán Sandy fue “una bendición dentro de una catástrofe”.

Para el parque Brooklyn Bridge —el cual todavía estaba bajo construcción cuando Sandy arremetió contra en la ciudad— la tormenta puso a prueba las medidas de resiliencia que ya se habían integrado al diseño, y ofreció orientación sobre lo que necesitaba ser ajustado. Este parque opera como una organización privada que es independiente del sistema de parques de la ciudad y queda al litoral del East river. El litoral ahí fue azotado por tres pies de agua en dos ocasiones durante la tormenta. De algunas formas, los daños fueron “una bendición dentro de una catástrofe”, dijo Rebecca McMackin, la directora de horticultura en el parque. “ Pudimos aprender mucho acerca de la construcción del parque, la plantación y las prácticas de mejor gestión para un evento como ese”.

Así se ve hoy el Parque del Puente de Brooklyn, mirando hacia el distrit...
Así se ve hoy el Parque del Puente de Brooklyn, mirando hacia el distrito financiero de Manhattan. Andrew Renneisen/Getty Images

Algunos elementos de diseño que ya estaban colocados desde el principio ayudaron a mitigar los daños. Al igual que otros parques construidos sobre muelles, el litoral del Parque Brooklyn Bridge inicialmente retuvo los mamparos históricos. Cuando las olas llegan a su punto máximo y arremeten contra estos mamparos con mucha fuerza, no hay mucha oportunidad para suavizar el impacto de esto. Cuando se empezó a construir el parque, grandes porciones de estos mamparos estaban en malas condiciones, dijo David Lowin, el vicepresidente ejecutivo del parque. En lugar de reconstruirlos, el equipo de diseño de la empresa Michael Van Valkenburgh Associates instaló un borde de piedra a lo largo de la mayor parte del parque para suavizar el golpe.

“A medida que las olas lo impactan, el borde descompone la fuerza de las olas y hace mucho menos daños”, dijo McMackin. Los mamparos también fueron arrancados en el Parque Bushwick Inlet, donde los terrenos consisten en un 85% de espacios abiertos permeables. En vez de retener agua, el diseño basado en escollera también promueve el drenaje. Lo mismo pasa en las rampas de botadura hacen que el agua fluya a la inversa hacia el río, así como marismas de agua salobre con espartillo que absorben el agua excedente y “pueden defenderse” sin quedar inundados por el aguacero, según explicó McMackin. “La tormenta fue un buen caso de estudio para nosotros sobre si esto realmente funcionaba”, dijo Lowin. “Y la respuesta que observamos fue que absolutamente funcionó”.

La tormenta les dio un empujoncito a los diseñadores a realizar algunos cambios, muchos de los cuales se reflejan en los lineamientos del Departamento de Parques de la Ciudad de Nueva York. El parque Brooklyn Bridge está limitado por la capacidad sostenedora de los muelles. Pero donde era posible, los diseñadores elevaron la pendiente del paisaje. Con frecuencia usaron un material parecido al poliestireno extruido (espuma o styrofoam) para elevar las pendientes sin ponerles mucho peso. No fue suficiente. Los diseñadores pusieron la mayoría de los cepellones de los árboles por encima del nivel del agua que se esperaba con las tormentas intensas como Sandy que normalmente ocurren cada 100 años. Pero Sandy impactó más fuertemente de lo que habían pronosticado los meteorólogos. Ahora los árboles recién sembrados se están elevando todavía más alto y con frecuencia son de especies diferentes de los que no resistieron bien a la tormenta Sandy.

Los plátanos de sombra –árboles que están por todos los condados de la ciudad– no respndieron bien al ataque del agua salada. Como parte del Consorcio de Parques Costeros –que incluye a 15 parques públicos y jardines en la región–, McMackin y sus colaboradores trabajaron por recopilar una lista de plantas que resultaron ser capaces de soportar la inundación. Esta información está ayudando a guiar el plan de siembra para la próxima fase del High Line (el famoso parque elevado de Nueva York), la cual será a nivel de tierra, dijo McMackin.

Otras sugerencias en los lineamientos incluyen ideas para la fácil modernización de los parques, como sustituir las estructuras en los parques de juegos por unos que son hechos de plástico que es resistente al agua salada o reemplazar a los paseos de gravilla con adoquines que tengan menores probabilidades de ser lanzados por el agua. Estos cambios se pueden hacer a medida que se hacen mejorías regulares, dijo Neilson, en vez de hacerse por sí solos. Los parques también pueden experimentar con la idea de estrenar comodidades que sean fáciles de guardar a medida que se acerca una tormenta. La idea es integrar el pensamiento sobre la resiliencia al ADN del diseño de parques, dijo Neilson, “sin sacrificar una experiencia de parques de verdadera calidad”.