Todos y cada uno de nosotros vivimos nuestras propias vidas de la manera y forma que deseamos. Existen diferentes maneras en la que las personas acostumbran o logran vivir su día a día.

En la actualidad esos diversos estilos se conocen como calidad de vida, demostrando las diferencias sociales. Hoy en día este término se relaciona con un sin fin de avances en biotecnología, dando nuevas expectativas de vida.

Un indicador comúnmente usado para medir la calidad de vida es el Índice de Desarrollo Humano (IDH), establecido por la ONU. Esto se realiza para medir el grado de desarrollo de los países a través del Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo.

Actualmente se toman en cuenta tres variables para medir Indice de Desarrollo Humano, esperanza de vida, educación y el PIB. Antiguamente la producción industrial y el crecimiento económico eran los únicos elementos para medir el desarrollo de un país.

Aunque hay muchos factores de desarrollo, necesitamos priorizar, por eso es necesario hacer una reflexión sobre los principales temas para mejorar en nuestras ciudades.

  1. Equidad: La desigualdad en el ingreso tiene su expresión física en el territorio, lo que lleva a situaciones de segregación residencial. Si bien no hay indicadores generales en América Latina para medir este fenómeno, hay datos que muestran diferentes niveles de acceso a servicios, tanto en términos de cantidad como de calidad. Por ejemplo, mientras que hay zonas del área metropolitana de Buenos Aires con cobertura total de saneamiento, otras tienen cobertura muy parcial. Por otra parte, la tasa de maternidad adolescente en un barrio informal de Buenos Aires, como el Barrio 31, duplica al del resto de la ciudad, mientras que la cantidad de jóvenes que no estudian y trabajan representa un 10% de la ciudad contra 25% en este barrio. Estas diferencias se replican en otras metrópolis. En el área metropolitana de Santiago, el acceso a áreas verdes en un municipio de mayor poder adquisitivo como Vitacura es de 18,3 m2de vegetación por habitante, mientras que Puente Alto sólo se cuenta con 1,8 m2. Lo mismo pasa en esta y otras latitudes con el acceso al transporte formal, a centros de educación y de salud, limitando así las posibilidades de desarrollo de las familias. Cerrar estas brechas y equiparar acceso y calidad de servicios, significa mejorar la ciudad.
  2. Espacios públicos de calidad: El espacio público como lugar de encuentro ha adquirido una relevancia única durante los últimos años. Revitalizar espacios degradados, incorporar procesos de participación y apropiación en su diseño, teniendo en cuenta aspectos de género y edad, recuperar zonas de ríos y bañados, como paseos costeros, han generado lugares de encuentro ciudadano y mejor ciudad. Ejemplos como el de Rosario en Argentina –ciudad donde el 40% de la población vive a 500 metros o menos de una vía para la bicicleta, o el del 42 Kilometros pedaleables sobre la ribera del río Mapocho en Santiago, Chile- se replican en varias ciudades. Temas como la recuperación de franjas costeras para espacio público recreativo nos muestran una doble oportunidad: un lugar de encuentro ciudadano que mejora la calidad de vida y una alternativa de respuesta a los desafíos que el cambio climático trae para las ciudades del siglo XXI.
  3. Conectividad y conexión con la ciudadanía: América Latina tendrá más de 200 millones de usuarios móviles utilizando aplicaciones inteligentes para tareas cotidianas en 2017. El acceso de los hogares urbanos a datos móviles representa una oportunidad única para los gobiernos en términos de dar un salto cualitativo en su relación con el ciudadano y amplía las posibilidades de identificar nuevas demandas, saber cuáles son los problemas y cuáles son las soluciones de manera mucho más rápida y oportuna. Casos como el Centro de Control de Operaciones de Río de Janeiro, el conjunto de aplicaciones móviles para resolver problemas de movilidad o aquellas que monitorean las condiciones ambientales, están siendo replicados en múltiples ciudades. No hay posibilidad de desarrollo sin conectividad.
  4. Seguridad: América Latina es la región más violenta del mundo, y sus números son alarmantes. Ocho de los diez países con más homicidios en el mundoestán en nuestra región, así como 47 de las 50 ciudades más violentas. Uno de cada tres adultos latinoamericanos considera el crimen y la violencia como el tema de mayor prioridad. Una nota positiva es que el mayor involucramiento de los actores locales en los temas de seguridad, sobre todo en materia preventiva, está dando buenos resultados. La posibilidad de diseñar espacios públicos más seguros, realizar inteligencia con el uso de datos y detectar puntos calientes, entre otros, dan sus frutos. En el caso específico de Montevideo, se está trabajando a nivel territorial con prevención situacional a través del diseño de espacios públicos, incorporando el saber de los nativos de lugar sobre la seguridad-inseguridad del barrio Marconi.
  5. Movilidad: Hay un balance entre el mayor bienestar de una ciudad, producto de las ganancias de la aglomeración, y los costos de la congestión vehicular. Movilidad sostenible y equitativa es básico para una mejor ciudad. La priorización del peatón, fomentar el uso de la bicicleta, la formalización y eficiencia del transporte público y una multimodalidad que posibilite la disminución de los tiempos de traslado, son ejes del gran desafío en materia de movilidad urbana. En México, por citar un ejemplo, los habitantes pasan en promedio 88 minutos de viaje en un día laboral, mientras que en Bogotá 97 minutos. Un 30% de los mexicanos, seguramente de menores ingresos, pasan hasta dos horas al día en el transporte.
  6. Resiliencia: Mejor ciudad es también una ciudad más preparada para contrarrestar los efectos del cambio climático. Estos efectos adversos, cada vez más frecuentes, son oportunidades para pensar de una manera distinta la infraestructura urbana. En los últimos años se ha mostrado un mayor interés en incorporar el tema de la sostenibilidad ambiental en los planes urbanos. Cada vez más ciudades de América Latina y el Caribe participan en iniciativas para mitigar la huella de carbono y para mejorar la capacidad de adaptación al cambio climático. En América Latina, ya son 11 las ciudades que forman parte del grupo C40, la red global de megaciudades que promueve buenas prácticas en la reducción del riesgo ambiental. También, varias ciudades de nuestro entorno participan del grupo de 100 ciudades resilientes, una red de la Fundación Rockefeller.
  7. Conocimiento: La brecha de desarrollo de los países, y también de las ciudades, se mide cada vez más por su conocimiento y menos por sus recursos naturales. Las evidencias internacionales indican que los países ricos lo son porque han impulsado la innovación invirtiendo en Investigación y Desarrollo. Las ciudades deben ofrecer condiciones para ser receptivas y generar los espacios para que la dinámica de la innovación se maximice. Incentivos fiscales para la instalación de empresas innovadoras, fomento a la economía cultural y creativa son temas cada vez más presentes en la agenda de nuestras ciudades.
  8. Gobernanza: Una mejor ciudad es también una ciudad más transparente, de mayor cercanía al ciudadano. Una ciudad que busca mecanismos para resolver los problemas de vida de la gente también hace a una mejor ciudad. La escala metropolitana obliga a coordinarse en temas tales como transporte, manejo de aguas, polución del aire residuos, seguridad, áreas verdes, entre los más importantes. Hay problemas que requieren ser resueltos en conjunto. ¿Qué sentido tendría, por ejemplo, trabajar en mejorar el transporte en una ciudad central cuando solamente un 50% de la gente que allí trabaja viene de ciudades aledañas?