Arquitectos, científicos, funcionaros locales y conservacionistas trabajan en proyectos que eviten inundaciones y cortes de suministros y de transporte como los acarreados por la supertormenta Sandy, que causó más de 40 muertes en la ciudad y decenas de miles de millones de dólares.

Proyecciones

Las inundaciones de cerca de tres metros provocadas por Sandy en 2012 solían producirse en el pasado una vez cada 500 años, pero la subida el nivel del mar prevista por los científicos para Nueva York debido al deshielo del Ártico en verano y de la capa de hielo de la Antártida occidental habla de que estos episodios podrían ocurrir cada cinco años.

Así lo señala Andra Garner, la investigadora de la Universidad de Rutges que ha dirigido un estudio en el que alerta de que el puerto de Nueva York, la estatua de la Libertad, los dos principales aeropuertos o el puente de Brooklyn podrían verse seriamente dañados si la ciudad no se prepara para contener el agua.

Las soluciones sobre la mesa apuestan por nuevas infraestructuras para evitar la inundación; por restaurar ecosistemas costeros que antes de deteriorarse ya ejercían esa función; o por preparar a la población -fortaleciendo servicios sociales y participación-, si bien la mayoría de expertos coinciden en que la mejor opción es una combinación de todas ellas.

Nuevas infraestructuras

Así, el Instituto Nacional para la Infraestructura Costera Portuaria (NICHI, por sus siglas en inglés) ha presentado al Alcalde y al Cuerpo de Ingenieros de la Armada estadounidense el proyecto de creación de una red de compuertas subacuáticas en cinco puntos estratégicos de la ciudad para proteger sus cinco distritos (similar al existente en ciudades como Londres o Amsterdam).

Ryan Jacobson, del departamento de planificación urbana del Ayuntamiento de Nueva York, confirma que la ciudad estudia este tipo de proyectos -cuyo coste ascendería a 25 mil millones según los impulsores-, y que de momento ya está desarrollando un plan de resiliencia centrado en modernizar la red de transporte y en elevar las infraestructuras “críticas” y los accesos a los edificios.

Uno de las grandes actuaciones contempladas por el Ayuntamiento para reducir la vulnerabilidad de la ciudad ante el cambio climático es la llamada “Gran U”: una gran plataforma ondulada que bordearía el bajo Manhattan a modo de dique de protección.

La “Gran U” empezaría en la calle 42 en el lado este y acabaría en la 57 en el oeste creando una gran cubierta vegetal y arbórea que ejercería también una labor protectora y añadiría más espacios verdes a la ciudad, explica Susannah Drake, una de las arquitectas autoras del proyecto, cuyas obras está previsto iniciar entre 2019 y 2020, dependiendo de la zona.

“Lo que planteamos, en definitiva, es crear un humedal costero -artificial- que proteja el centro financiero más grande del mundo”, añade Drake.

Soluciones naturales

Combinar estas infraestructuras artificiales con las barreras naturales de protección de la naturalezaes en lo que trabajan científicos como Adam Parris, director de Instituto de Resiliencia de la Bahía de Jamaica, un estuario gigante protegido por una extensa manga de tierra en el extremo occidental de Long Island, frente al aeropuerto internacional John F. Kennedy.

Este sistema de dunas, humedales y bosques costeros, por el que sobrevuelan mariposas monarcas y todo tipo de aves acuáticas, es “el mejor amortiguador para proteger la ciudad de la subida del nivel del mar”, afirma Parris.

La organización The Nature Conservancy tiene previsto plantar 28.000 árboles para reforzar las funciones de este ecosistema.

La mejor infraestructura: la participación

Paralelamente, algunos de los barrios neoyorquinos más afectados por Sandy, aprendieron en la super tormenta que la mejor infraestructura “es la ayuda de tus vecinos”, afirma el arquitecto Alex Washburn, uno de los impulsores de un proyecto de cooperación vecinal en el barrio de Red Hook (Brooklyn), que encuentra réplicas similares en el resto de distritos.

Independientemente de la solución que más suscriban, los expertos sostienen que “no hay tiempo que perder”, y que invertir en resiliencia resulta más rentable que paliar daños.EFEverde