Toma nota de estas 10 reglas que te ayudarán a incorporar la responsabilidad social empresarial (RSE) en la gestión de las PyME. Así como a la gestión responsable de la PyME, a mejorar su competitividad, diferenciación y control de costes en la limitación de recursos.

Lo primero que debe plantear una pequeña empresa al iniciar en la RSE es saber adónde quiere llegar con este propósito y conocer el lugar donde se encuentra en el momento inicial, sus fortalezas y debilidades, su propio mercado o las expectativas de sus interlocutores entre otros.
Con la incorporación de la Responsabilidasd Social se pueden lograr grandes diferencias con respecto a la competencia, por lo que la solución no será incorporar estrategias diseñadas para las grandes empresas, sino adaptar los modelos generales de RSE al caso particular de las pequeñas empresas, en función de sus necesidades, su mercado y su entorno de actuación.

Hay que considerar que existen innumerables tipos de PyME y, por lo tanto, hay diversas formas de implementar las estrategias en su gestión. En esta ocasión, las 10 reglas que presentamos son algunas claves prácticas sobre cómo se debería abordar la incorporación de la responsabilidad social.

1.- Toda empresa es responsable mientras no se demuestre lo contrario. Autodiagnóstico.

Cuando se incorpora una filosofía sustentable muy rara vez se parte de cero, porque toda empresa cuenta con algunas buenas prácticas en su gestión, independientemente de su tamaño. El cumplimiento de la Ley, la elaboración adecuada de un producto demandado por el mercado, un buen trato con los empleados y un comportamiento ético de los gestores deben ser las bases sólidas para construir una estrategia de esta índole que permita lograr altas tasas de competitividad.

Para dar ese primer paso que a toda empresa se le supone, a la integración de la responsabilidad social en la PyMEs, se requiere de un proceso sistemático de autodiagnóstico apoyado en modelos normalizados.

2.- El tamaño sí importa. Motivaciones.

Una pequeña empresa no es como las grandes, y por lo tanto, no se le pueden aplicar directamente modelos de gestión diseñados para corporaciones multinacionales; ni por el impacto de sus actividades en la sociedad y en el medio ambiente, ni por la estructura de su organización, ni por sus motivaciones.

Su principal motivación es la competitividad, basada en la confianza que genera en sus grupos de interés. La credibilidad de una pequeña empresa está muy ligada a la credibilidad de sus propietarios y gestores, y esto hace la diferencia con respecto a las grandes empresas.

3.- Sin reglas no hay paraíso. Valores, ética.

Toda empresa nace con una misión y no puede estar sin una visión y un objetivo claro; ambas deben apoyar en unos valores: valores humanos de respeto a las personas, valores ecológicos de protección y defensa del medio ambiente, valores éticos de buen gobierno y lucha contra la corrupción, valores sociales y culturales de participación e integración en la comunidad.

La defensa que haga la empresa de sus valores es la que marca su cultura de responsabilidad social, y esto debe ser compartido con todos los que participan en su desarrollo: los propietarios, gestores y empleados; pero también los clientes, los proveedores e incluso las empresas afines en el marco de asociaciones sectoriales y empresariales.

4.- Saber escuchar. Diálogo con los grupos de interés.

Una de las principales claves es el diálogo con los grupos de interés, es decir, con aquellas personas que se ven más directamente afectadas por la actividad de la empresa y que pueden con sus decisiones determinar el éxito o el fracaso.

Evolucionar desde un modelo de gestión rígido, donde el propietario y el Comité de Dirección actúan de forma unilateral, a un modelo abierto, flexible y participativo, es posiblemente el paso más complicado para incorporar la estrategia en la empresa.

5.- Compromiso y liderazgo.

En todas las empresas, el éxito de una gestión sostenible reside en todo momento en las manos de su máximo responsable. No se puede implantar una estrategia que sea socialmente responsable sin el apoyo de la dirección. Y no se pueden recoger los frutos de una gestión responsable si esa dirección no mantiene en todo momento una postura de liderazgo, apoyo e impulso, tanto frente a las personas de la propia empresa como frente a los interlocutores externos.

Lo importante es que la empresa, a través de su principal portavoz, deje claro ante sus interlocutores ese firme compromiso por el medio ambiente.

6.- Responsabilidad empieza por R de rentabilidad.

Ser una empresa responsable no significa que sea simplemente generosa con las necesidades de la población más vulnerable. Eso se llama filantropía. La empresa responsable es ante todo rentable y económicamente sostenible.

7.- El movimiento se demuestra andando. Ruta.

Tener un pensamiento, una actitud y un comportamiento sustentable no debe ser visto como un accesorio, sino que se debe integrar progresivamente en todas sus actividades.

Este proceso de desarrollo es complejo y requiere de un plan, una estructura de actuaciones, una hoja de ruta y un sistema de gestión. Como cualquier otro planteamiento de gestión estratégica de la empresa, lo adecuado es plantear un proceso cíclico de mejora continua en el que se pueden materializar los cambios de manera gradual, controlable, medible y comparable.

8.- Es tarea de todos. Participación.

Todas las personas que integran la empresa tienen un papel en el desarrollo e implantación de las políticas sustentables. Cada uno a su nivel y dependiendo de la función que desempeñe.

9.- Certificar o no certificar, esa es la pregunta. Demostrar la responsabilidad.

Hay diversas maneras de demostrar con garantías que la empresa se gestiona de forma sistemática, de acuerdo a buenas prácticas. Certificar o no certificar es una decisión de cada empresa; el rigor y la transparencia en la rendición de cuentas de la empresa hacia sus interlocutores constituirán entonces la llave para el éxito de la estrategia sustentable.

10.- La unión hace el cambio. Integración.

Ser una buena empresa, responsable con sus impactos, dialogante con sus interlocutores y transparente en su rendición de cuentas representa un alto nivel de madurez. Pero si se quiere contribuir de manera aún más eficaz al desarrollo sostenible, se recomienda que la empresa difunda sus valores, sus políticas y sus buenas prácticas en sus círculos de influencia.