Durante las últimas dos décadas, estudios en diversos países han comenzado a demostrar científicamente lo que probablemente todos ya intuíamos: que el contacto con la naturaleza trae una serie de beneficios a las personas y a la comunidad. Pero contar con más estudios al respecto nos ayuda no sólo a confirmar eso, sino también nos permite, hasta cierto grado, definir y cuantificar dichos beneficios, y entender qué condiciones deben tener nuestros parques urbanos para que ello ocurra.

Aspectos tales como tamaño, proximidad, instalaciones, seguridad y atractivo estético, son mencionados por los expertos como factores relevantes a considerar en el diseño de estos espacios públicos.

Del punto de vista medioambiental, los parques urbanos pueden permitir la protección y el aumento de la biodiversidad de la flora y fauna dentro y entorno a las ciudades. Adicionalmente, estos espacios protegidos permiten una serie de servicios ambientales, tales como la mejora en la calidad del aire, la regulación del microclima urbano, y el control de los eventos de escorrentía durante fuertes lluvias, entre otros.  Lo anterior, de por sí, trae beneficios personales, sociales y económicos.

Los parques urbanos proveen también la oportunidad para que las personas se reconecten con la naturaleza, lo que es beneficioso para su salud y bienestar. Además, estos espacios proporcionan a las habitantes de las ciudades la oportunidad para realizar actividad física e interacción social. Lo anterior es muy relevante dado el aumento del sedentarismo en las personas, lo que ha derivado en un incremento de algunas enfermedades asociadas, a nivel global. Por ello, aumentar la accesibilidad de las personas a parques urbanos que incentiven la actividad física es una de las estrategias de prevención que recomiendan los investigadores y agencias internacionales. Si bien el acceso a los parques urbanos no es una panacea para la salud pública, las investigaciones sugieren que acceder esporádicamente a ellos puede aumentar positivamente la salud mental, mientras que el uso frecuente de estos espacios públicos deriva en menores niveles de sedentarismo.

Estudios se han enfocado en 5 tipos de beneficios psicológicos, físicos, sociales, ambientales y económicos:

  1. Beneficios psicológicos personales, incluyendo aquellos relacionados con el desarrollo y crecimiento de las personas, salud mental, satisfacción y apreciación personal.

  2. Beneficios psicofisiológicos, incluidos reducción en cuadros de depresión, reducción de obesidad, reducción en la incidencia de enfermedades, y aumento en la percepción de la calidad de vida.

  3. Beneficios socio-culturales tales como satisfacción con la comunidad, lazos familiares y reducción del crimen.

  4. Beneficios ambientales tales como aumento en el cuidado del medio ambiente y preservación del patrimonio.

  5. Beneficios económicos tales como reducción en los costos de salud, aumento de productividad, y aumento en el valor de las propiedades o terrenos cercano a los parques y áreas verdes.

¿Qué características debiesen tener los parques para lograr dichos beneficios? Generar más parques urbanos y áreas verdes es siempre algo deseado, pero dicho aumento no generará por si solo un aumento en el uso de dichos espacios, sino no se considera la diversidad de actividades que las personas pueden realizar en ellos y su relación con los beneficios antes mencionados. En otras palabras, no existe el ´parque ideal´, sino una serie de tipologías de parques que, implementados en conjunto, permiten maximizar los beneficios personales, sociales y ambientales.

Una combinación de los diversos factores antes mencionados nos permite definir tipologías de parques urbanos. Hace algunos años ya, El National Parks and Recreation Association (NRPA) de Estados Unidos realizó una definición basada en el tamaño y ubicación de los parques, que en parte se rescata en la siguiente tabla.


Tabla 1. Clasificación de parques. Elaboración propia en base a NRPA y otras fuentes

Si bien los parques urbanos proveen de un amplio rango de beneficios, algunos tipos de parque proveen beneficios específicos. Los parques comunales o distritales entregan la mayor amplitud de beneficios, sobre todo en aspectos de carácter social. Parques lineales y parques deportivos son significativos a la hora de generar beneficios físicos, mientras que los parques naturales claramente proveen de mayores beneficios medio ambientales, sobre todo cuando son de gran tamaño. Cabe destacar que los parques lineales pueden cumplir varios y múltiples roles, por lo que son considerados como un elemento clave en la sustentabilidad de las ciudades: pueden ser utilizados como infraestructura para el transporte activo (bicicleta y caminar) desde el domicilio al trabajo y a otros destinos, a la vez que funcionan como corredores de fauna.

Es interesante señalar que la distancia desde el domicilio de las personas a los parques no es una condición suficiente para explicar el uso de los parques urbanos, sino que esto depende más bien del tipo de actividad a realizar. Por ejemplo, estar cerca de un parque es relevante en la generación de beneficios asociados a la actividad física, pero menos relevante para los beneficios psicológicos y sociales.

En general, el tamaño de un parque tiene directa relación con la cantidad de beneficios que genera. De todas formas, incluso los parques pequeños de cualquier tipo pueden ofrecer una diversidad de beneficios. Es decir, el diseño y las instalaciones e infraestructura son muy importantes a la hora de pensar en un parque urbano.

Implementando parques urbanos: el caso Australiano

Las ciudades Australianas nos entregan un buen ejemplo de la planificación y provisión de parques urbanos siguiendo los principios ya mencionados. Luego de la segunda guerra mundial, muchas ciudades en el mundo experimentaron un intenso crecimiento en extensión, sobre todo en Estados Unidos, Australia y muchas ciudades Europeas. En esa época, las instituciones de planificación australianas, a diferencia de otros países, instauraron una serie de condiciones para nuevos desarrollos de vivienda, incluyendo no sólo la provisión de infraestructura troncal, típicamente electricidad, agua potable y alcantarillado, sino también de infraestructura social, ya sea financiada por el estado o por los desarrolladores inmobiliarios. En esta categoría de infraestructura social, se incluyen elementos tales como infraestructura para la educación primaria y secundaria, piscinas públicas, y las distintas tipologías de parques urbanos.

Entonces, desde hace décadas que en Australia se ha venido constantemente trabajando y afinando los criterios para el desarrollo de parques urbanos, en cuanto cantidad, tipología y ubicación. Mientras que el gobierno central y estatal define los objetivos y criterios generales, son los gobiernos locales de las ciudades (City Councils) los que definen finalmente las características específicas, y como debe financiarse la provisión y operación de estas infraestructuras. En general, los criterios son parecidos a los descritos en la tabla 1, con variaciones sobre todo en el tamaño de los parques.

Junto con los objetivos y los criterios para los parques urbanos, los gobiernos locales definen con gran detalle sus estándares de construcción, diseño, equipamiento e infraestructura, mediante códigos especiales. Por ejemplo, el código para parques del municipio (City Council) de Brisbane, el de mayor población en Australia con casi 1 millón de habitantes, tiene más de 20 páginas y cubre una serie de aspectos, tales como: movimiento de tierras y drenaje, gestión de la vegetación y hábitats, paisajismo, irrigación, infraestructura (caminos y muros), colores, accesos y circulación peatonal y vehicular, estacionamientos, puentes, cercos y barreras, señalética, instalaciones, baños, mobiliario, pérgolas, zona de deportes, zona de picnic y zona de juegos (playgrounds).

Con el tiempo, los playgrounds de los parques urbanos en Australia se han transformado en muchos casos en el centro de la comunidad local,  debido a su capacidad para atraer a toda la familia. Por ello, muchos parques han ido incorporando o renovando sus playgrounds, desarrollando en torno a ellos otros tipos de usos e infraestructuras, tales como pérgolas, zonas de picnic, cafés, etc. En este punto de nuestra columna, vale la pena señalar que las imágenes que hemos incluido nos muestran sólo algunos de los más de 500 parques existentes en la ciudad de Brisbane. Destaca en estos playgrounds el uso del acero como el material más utilizado para lograr estructuras y otros elementos de gran expresividad y seguridad, dejando felices a los niños y a sus padres, respectivamente.

Discusión actual

Como señalásemos en nuestra columna de febrero 2016 (ver proyecto The Commons), los organismos de planificación urbana de las principales ciudades Australianas han venido implementando una política habitacional de consolidación urbana en zonas existentes y más centrales de la ciudad, como una forma de contrarrestar el crecimiento urbano en extensión. Para algunos expertos, uno de los problemas que esto genera es que mientras la población de los barrios céntricos de algunas ciudades se ha casi duplicado, la cantidad y área de los parques urbanos en esos barrios se mantiene. Lo anterior es cierto pero, en definitiva, los parques urbanos pueden intensificar su uso en forma localizada mediante una apropiada provisión de espacios específicos, como por ejemplo las zonas de juego y de picnic, y la realización de una serie de actividades enfocadas a grupos específicos de la comunidad.

En ese sentido y para finalizar, vale la pena destacar que cuando las ciudades planifican a largo plazo sus infraestructuras públicas, incluidos los parques urbanos, hay al menos tres aspectos fundamentales: la provisión de terrenos, la ejecución y su operación-mantención. Cuando planificamos rara vez tenemos la capacidad para ejecutar inmediatamente la infraestructura, pero se deben reservar los suelos para ello y plantear metas de mediano plazo de la mano de un plan de presupuesto para la posterior ejecución y operación-mantención. Sólo de esa forma las ciudades Australianas han logrado tener quizás una de las tasas más altas de metros cuadrados de parques por persona, pero por sobre todo han logrado ofrecer a sus habitantes una diversidad de opciones para realizar actividades en los parques, a la vez que protegen la biodiversidad que en ellos residen. El caso de los parques urbanos en Australia nos permite demostrar como la planificación urbana puede generar beneficios a las personas, la comunidad  y el medioambiente.