El sistema de gestión de residuos que además utilizan para generar energía es tan eficiente, que incluso han importado basura de otros países

Suecia tiene una envidiable tasa de reciclaje y reuso del 99% de los residuos generados por sus habitantes, además de haber desarrollado un sistema de quema que genera energía para transformarla en electricidad que abastece a 250 mil hogares, ademas de cubrir el 20% de la calefacción utilizada por su población.

El país cuenta con un sistema jerárquico para la gestión de residuos que consiste en la prevención, la reutilización, el reciclaje y como último recurso, su desecho a los vertederos. La población es tan eficiente en esta materia, que el gobierno ha optado por importar basura de las naciones vecinas para seguir alimentando las plantas de generación de energía.

Hay especialistas que no consideran el porcentaje enteramente como un “reciclaje”, ya que parte de este son precisamente los residuos que terminan siendo incinerados y que aún causan controversia en uno de los países con mayor conciencia ambiental de todo el mundo. Algunos investigadores creen que quemar basura no puede considerarse como algo propiamente ecológico, aunque sea mejor opción que arrojarla a vertederos, mientras que el gobierno sueco defiende la acción argumentando que la mayor parte de los residuos quemados están conformados por materiales como papel, madera y otros elementos orgánicos que igualmente producirán CO2 durante su proceso natural de descomposición.

Suecia no es el único país europeo que lleva a cabo esta práctica, otras naciones como Alemania y Bélgica han adoptado el proceso, aunque no han alcanzado el éxito del país nórdico. Los especialistas medioambientales recalcan que es importante entender que la mejor forma para atacar el problema de la contaminación es generar menos residuos y reciclar tanto como sea posible, tal como lo hace la sociedad sueca. Después, se puede pensar en la combustión para generar energía cuando no quede más alternativa para el desecho restante, pero no debe tomarse como una práctica que pudiera llegar a desincentivar el reciclaje real.