El turismo impacta a nivel social, económico y medioambiental de los países a donde viajas. Por eso el reto está en ser viajero, no turista: un viajero responsable que no deje una huella profunda en el paisaje ni en la sociedad, sobre todo en destinos que son muy diferentes a nuestro lugar de procedencia. No solo te lo van a agradecer los locales allá a donde viajes, sino que tu experiencia como viajero será más auténtica y enriquecedora.

No estamos hablando solo de respeto al Medio Ambiente, sino también de respeto a la cultura de justicia social, lo que se llamaría “turismo ético”. Por poner un ejemplo: viajas a un destino donde los bienes son muy baratos, y puedes regatear en el precio. No vayas a pelear con el vendedor por encontrar el precio más barato: paga por el que tú creas que es justo por ese bien que estás comprando. O si viajas a un lugar y quieres llevarte un recuerdo de este, comprueba que lo que te estás llevando es artesanía local para ayudar a los artesanos y a su cultura y no una baratija “Made In China”.

Esto es a lo que se refieren los medios de comunicación cuando hablan de “turismo de calidad”. Obviamente el turismo siempre trae riqueza a la zona de destino, pero, ¿hay que hacer dinero a cualquier precio? La respuesta es no: como ciudadanos del mundo, tenemos la responsabilidad de garantizar el desarrollo sostenible de los lugares que humildemente nos reciban.

¿Cómo practicar entonces el turismo responsable, ya sea un destino urbano o rural? Aquí 10 normas básicas recopiladas por CiviClub y su partner, Airbnb:

  1. Conoce la zona donde vas. Conoce sus reglas culturales y adáptate a ellas. Conoce su idioma al menos para decir “hola”, “por favor” y “gracias”.
  2. Haz tu propio viaje a medida para asegurarte contratar experiencias que dejen el dinero que vas a gastar entre la comunidad local, no en multinacionales de países ricos (por ejemplo en grandes cadenas hoteleras).
  3. Sé respetuoso “Allá donde fueres, haz lo que vieres”. Mézclate entre los locales, habla con ellos, enriquecerás culturalmente y te enriquecerás culturalmente. Derribarás tus prejuicios y ellos derribarán sus prejuicios: ¡es un win win!
  4. Cuida el patrimonio del lugar como si fuera tu propia casa, y el Medio Ambiente de igual manera. Conservarlo es la única manera de que ese lugar siga siendo una puerta de bienvenida al turismo de calidad.
  5. Escoge bien tus aventuras: piensa en el respeto de los animales antes de acudir a lugares donde sean probablemente explotados (paseos en elefante, zoológicos) y en los derechos de las personas (muchos destinos explotan el modo de vida de pequeñas etnias como atracción turística).
  6. Donde te hospedes, cuida de reducir el impacto: vigila el gasto de agua, apaga luces, no abuses de la calefacción o del aire acondicionado: combate el cambio climático siempre.
  7. Come platos tradicionales, abre tu mente, escoge negocios familiares para comprar comida o para comer
  8. Busca para tus compras o tu estancia negocios que promuevan la sostenibilidad o la ayuda local.
  9. No te lleves nada que pertenezca a la naturaleza. Con ello también nos referimos a “souvenirs” realizados con, por ejemplo, marfil o coral.
  10. ¡Difunde la palabra!

Puede que tú mismo vivas en una ciudad o pueblo muy turístico, quizás todo el año o quizás en temporadas. Otra de las grandes responsabilidades dentro del turismo responsable es preguntarse si realmente nosotros somos responsables a la hora de recibir viajeros.

Si nos comprometemos con ello no solo estaremos promoviendo una gran imagen al mundo de nuestra localidad, sino que nos enriqueceremos y beneficiaremos culturalmente de ello. Conocer a otras personas de lugares y culturas diferentes al nuestro es siempre positivo, si sabemos cómo hacerlo. Ayuda al viajero; Sé amable; Hazle entender la manera de vida local; No intentes “timarlo” por el simple hecho de que sea extranjero. Practica con el ejemplo. Se irá con un gran recuerdo, y quien se va feliz, siempre repite.

#SeResponsable