La contaminación provoca cada año la muerte prematura de 467.000 personas solo en la Unión Europea. La situación es incluso peor en otros lugares del planeta. Según la Organización Mundial de la Salud, dos de cada tres muertes por esta causa se producen en el sudeste asiático y las regiones del Pacífico Occidental. En total, 9 de cada 10 personas respira en el planeta aire contaminado.

Teniendo en cuenta que cada vez más habitantes de la Tierra viviremos en ciudades, parece aún más urgente que las urbes sean menos contaminantes. Una meta a la que también puede contribuir la arquitectura. De hecho, a lo largo y ancho del planeta han surgido iniciativas para mejorar la calidad del aire cambiando la fisonomía de las ciudades o renovando el mobiliario urbano.

Paredes de musgo

Pese a que, como sabemos, las hojas de los árboles absorben partículas contaminantes y evaporan agua reduciendo la temperatura del aire, lo cierto es que en general las ciudades no se caracterizan por sus amplias zonas verdes. Por eso, a la compañía alemana Green City Solutions (una ‘startup’ que ha reunido a expertos en ingeniería, arquitectura e informática) ha intentado que decenas de árboles quepan en un pequeño panel. De 4 metros de alto y 3 de ancho, CityTree, la instalación que han creado, es una suerte de mupi publicitario lleno de musgo.

El musgo tiene un área de superficie de hojas mucho más grande que cualquier otra planta, lo que hace que pueda retener más contaminantes como CO2, óxido de nitrógeno o polvo, además de enfriar el aire cercano. Según sus creadores, este panel tiene los mismos beneficios ambientales que 275 árboles normales. Además una red de sensores miden la calidad del aire y calculan la eficiencia de la instalaciónconstantemente para reducir el mantenimiento y controlar la electricidad que necesita, proveniente de paneles solares.

Sus dimensiones hacen que esta curiosa instalación (que puede incorporar incluso un banco) pueda ser colocada en cualquier parte, ya que ocupa el 1 % de la mencionada arboleda.  Por el momento, ya se han instalado una veintena en Oslo, Hong Kong o París. Los fundadores de esta empresa no lo colocan en cualquier parte: eligen lugares donde la contaminación es más alta.

Jardín vertical

Lo que sí nos podemos encontrar en España son jardines verticales: fachadas de edificios cubiertas de plantas para mejorar la calidad del aire. Sin ir más lejos, el del  CaixaForum de Madrid acoge 15.000 plantas de 250 especies, contribuyendo así a limpiar el aire de la capital.

Sin embargo, nuestros jardines verticales aún tienen mucho que envidiar al instalado hace poco en el edificio Santalaia, en Bogotá. Obra del biólogo español Ignacio Solano (a la cabeza de Paisajismo Urbano) y de la empresa colombiana Groncol, está formado por 115.000 plantas de 10 especies diferentes. Un sistema de riesgo calcula el agua que necesitan según la humedad y la radiación solar, y el agua sobrante del muro se reutiliza.

En total, se han necesitado ocho meses de diseño y otros ocho de ejecución para instalar este espectacular jardín vertical que, según sus creadores, es el más grande del mundo: tiene 3.100 metros cuadrados. De un modo u otro, lo cierto es que estos impresionantes jardines verticales son una buena forma de crear un pulmón verde en la ciudad.

Más allá de los jardines verticales, hay otras construcciones que integran la vegetación en diferentes partes de su fachada. Es el caso de Bosco Verticale, un proyecto formado por dos bellos rascacielos situados en Milán cuyos balcones acogen 730 árboles, 11.000 plantas y 5.000 arbustos creados con el fin de extender el ámbito natural en un entorno urbano.

Construcciones y calles que absorben la contaminación

Hay quien, en lugar de recubrir las construcciones de vegetación, ha diseñado edificios creados a partir de materiales que absorben mejor la contaminación. Es el caso del Palazzo Italia, un edificio ecológico que pudo contemplarse en la Expo de Milán de 2015. Sus fachadas blancas, que forman una suerte de enredaderas,  están creadas con un cemento fotocatalítico con dióxido de titanio, que absorbe el óxido de nitrógeno y lo convierte en sales inertes, ayudando a purificar la atmósfera. Después, la lluvia hace que la fachada se limpie.

No en vano, el dióxido de titanio es un compuesto que actúa como un catalizador: cuando impactan sobre él los rayos ultravioletas, se produce una reacción química que convierte el óxido de nitrógeno en una sustancia menos nociva. El estudio de arquitectura  Elegant Embellishment también ha utilizado este compuesto en la impresionante fachada de la Torre de las Especialidades (un hospital Ciudad de México) que logra absorber la contaminación gracias a él.

Algunas construcciones en España también se han revestido con pintura fotocatalítica para neutralizar los compuestos tóxicos gracias a ese proceso, al que la Asociación Española de Fotocatálisis define como “la fotosíntesis de las superficies urbanas”. En Sevilla, varios edificios y el pavimento de una calle ya están recubiertos con materiales fotocatalíticos.

Aspiradoras gigantes

Aún más original es la futurista propuesta del holandés Daan Roosegaarde, fundador de  Studio Roosegaarde. Este artista ha ideado una construcción de siete metros que convierte la contaminación en joyas gracias a su Smog Free Tower. Instalada en Berlín, esta estructura actúa como un gigantesco aspirador de contaminación: captura con iones las partículas contaminantes, que almacena en su interior.

De esta forma, este gigantesco purificador de aire crea un oasis de aire limpio en la ciudad. Las partículas comprimidas que recoge el purificador también se reutilizan: sirven como ‘piedras preciosas’ de algunas joyas de bisutería.

Un interesante proyecto que no soluciona el problema de la contaminación en las grandes ciudades pero con el que este artista quiere hacer reflexionar sobre “la belleza de otro mundo posible”. Tras los resultados positivos de su experimento, ahora ha propuesto incluso que las bicicletas incluyan un dispositivo en el manillar para absorber la contaminación.

En una línea similar, un artista chino usó una aspiradora industrial para absorber el aire de Pekín. Después, mezcló esos materiales con arcilla, y los convirtió en ladrillospara llamar la atención sobre la gran cantidad de partículas contaminantes en el aire perjudiciales para nuestra salud. Un problema que las ciudades tienen que afrontar de diferentes formas, incluso integrando construcciones más respetuosas con el medio ambiente.