Esta es la última solución propuesta para acabar con la basura espacial que amenaza al planeta

Los humanos somos grandes productores de basura y no solo la esparcimos por nuestro planeta. Ahora hemos llenado de desechos también el espacio alrededor de la Tierra y es cada vez más urgente encontrar una solución. Steve Gower, gerente del Centro de Investigación Espacial de Canberra, Australia, asegura que “cada vez que lanzamos un satélite, necesitamos planificar una ruta para evitar el atasco de basura espacial”.

Desde que los soviéticos lanzaron del primer satélite artificial de la historia, el Sputnik 1, han pasado exactamente sesenta años y el tráfico no ha parado desde entonces. En este tiempo, hemos lanzado diecisiete mil ‘objetos’ de los que sólo el siete por ciento sigue funcionando.

Dos tercios de estos vuelan justo por encima de los aviones, a menos de dos mil metros de altura, y los detritos más anchos de 10 cm serían ya unos 23 mil. La Royal Institution de Londres ha contado hasta veinte mil detritos de un tamaño que puede variar del de una manzana al de un autobús.

Un grave peligro

La basura orbital puede viajar a velocidades de hasta 28 mil kilómetros por hora, lo suficientemente rápido como para causar graves daños a los satélites e incluso a la Estación Espacial Internacional (ISS), que ya en 2011 estuvo al borde de la evacuación por una emergencia de este tipo. De hecho, a esas velocidades, el impacto con un objeto de tan sólo un centimetro de diámetro puede producir un efecto parecido al de una granada de mano.

El Consejo Nacional de Investigación de Estados Unidos lanzó la alarma ya hace cinco años: “Hemos llegado a un punto crítico: en órbita hay un número de escombros suficiente para colisionar entre sí y formar otros desechos, aumentando así el riesgo de accidentes”. Es el ‘Síndrome de Kessler’, según el cual, incluso si dejáramos del todo de enviar objetos al espacio, los detritos se reproducirían sin cesar al chocar entre ellos.

De pesca en el espacio

La última solución encontrada para acabar con la basura espacial parece salida de las mentes brillantes del Studio Ghibli del gran director japonés Hayao Miyazaki. De hecho, la JAXA, la Agencia Japonesa de Exploración Aeroespacial, lleva diez años preparándose para la limpieza espacial con una idea simple cuanto ambiciosa: ‘pescar’ o capturar los escombros con una cuerda. Una especie de enorme caña de pescar o de lazo espacial para astrovaqueros.

Así funciona la pesca espacial

La Kounotori identifica el objetivo, desenrolla el EDT con el que atrapa al escombro por un extremo y la electricidad generada por la cuerda electrodinámica ralentiza su velocidad

Para su proyecto, los ingenieros japoneses han solicitado la cooperación del mayor fabricante de redes de pesca y cuerdas de Japón, la Nitto Seimo. La operación comenzó a principios de diciembre de 2016 en la isla de Tanegashima con el lanzamiento del cohete H-IIB, que puso en órbita a la nave espacial Kounotori, ‘cigüeña’ en japonés. El cordón, cuyo nombre técnico es EDT (Electrodynamic Tether), está hecho de aluminio y acero y mide 700 metros de largo, per que una vez centrado su objetivo puede desenrollarse hasta alcanzar los diez mil metros.

La Kounotori identifica el objetivo, desenrolla el EDT con el que atrapa al escombro por un extremo y la electricidad generada por la cuerda electrodinámica ralentiza su velocidad. En ese momento, el detrito es empujado cada vez más abajo, hasta que, al entrar en la atmósfera, se quema y consume. Los japoneses están convencidos de que a mediados del próximo decenio su sistema podrá ser institucionalizado.

La caza europea

Por supuesto, la cuerda espacial japonesa no es la única solución para el problema de la basura orbital. Algunos proyectos son de ciencia ficción: el brazo-robot atrapa detritos, el bombardeo de iones para alterar las rutas de los escombros, la vela solar que se engancha al objetivo y se lo lleva. Por su parte, la Agencia Espacial Europea (ESA) está llevando a cabo un proyecto llamado e.deorbit que debería ver la luz en 2023.

La vía europea a la limpieza espacial consta de un satélite que deberá perseguir a sus semejantes en desuso y una vez ‘cazado’ el objetivo, lo hará precipitar de forma controlada, para que acabe quemándose en la atmósfera terrestre.

La solución europea

La vía europea a la limpieza espacial consta de un satélite que deberá perseguir a sus semejantes en desuso y una vez ‘cazado’ el objetivo, lo hará precipitar de forma controlada

A pesar del concepto un tanto elemental que guía el génesis de este proyecto, su realización está lejos de ser fácil, como nos enseña el triste destino de la sonda Schiaparelli. Se trata de un verdadero desafío tecnológico al que la ESA nunca se ha enfrentado hasta ahora y que requerirá un esfuerzo considerable.

Serán necesarios sistemas de guiado, de navegación y control muy avanzados, para realizar todas las operaciones, cómo reconocer el objetivo, capturarlo (quizás a través de una red, un arpón, o una pinza robótica) y, finalmente, empujarlo hacia abajo de una manera controlada.

En ámbito europeo se realizaron también otras estrategias, como el Space Surveillance and Tracking (SST) para vigilar el espacio, crear una base de datos de los escombros en órbita y evaluar los riesgos de impactos con todas sus consecuencias. El año pasado, las agencias espaciales de Italia, Francia, Alemania, España y Gran Bretaña también formaron un consorcio para promover una estrategia común en materia.

El problema es grave y los intereses económicos en juego son enormes, ya que cada vez más dependemos de los satélites para nuestro día día, desde el móvil a las previsiones del tiempo. De modo que los que logren la solución más eficaz disfrutarán de excepcionales beneficios, ya sean los pescadores japoneses o los cazadores europeos.